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Influenza aviar: ¿qué pasó en realidad?

  • Written by  Dr. Guillermo Zavala
Influenza aviar: ¿qué pasó en realidad?

 

El desastroso brote de influenza aviar altamente patógena en Estados Unidos en 2015 lo iniciaron las aves silvestres y lo propagaron radicalmente las personas.

 

Decenas de artículos recientes han hablado sobre los hechos y los des­cubrimientos alrededor del último brote de influenza aviar en los Estados Unidos (en 2015), además de ofrecer actualizaciones sobre el tema con frecuencia.

En lugar de volver a contabilizar los casos confirmados e ilustrarlos en mapas elegantes, producidos por sistemas de información geográfica, deberíamos preguntarnos: ¿qué paso en realidad? ¿Podría volver a pasar en el futuro? Y, ¿qué tendría que pasar para que se materializará de nuevo?

Si podemos dar respuesta a estas preguntas, algo que admitimos como tarea difícil, quizás podamos responder de mejor manera si un suceso de esta naturaleza vuelve a ocurrir, y posiblemente podamos responder a la pregunta obligada: ¿qué podemos hacer para prevenir y controlar un suceso similar en el futuro? Estas no son las únicas preguntas clave que necesitan res­puestas, pero definitivamente son algunas de las más importantes.

¿Qué pasó en realidad?

En este momento, solo podemos especular sobre el mecanismo real (o los mecanismos) que tuvieron que darse para permitir la emergencia de los virus de influenza aviar H5N8 y H5N2 de alta patogenicidad (VIA) que provocaron el brote de influenza aviar más grande y significativo en la histo­ria de la industria avícola moderna de América del Norte.

Aunque no disponemos de la historia completa, las investigaciones del USDA/ARS han revelado que es muy probable que el componente H5 de los nuevos virus se originara en los VIAs euroasiáticos, y que los compo­nentes genéticos N8 y N5 de estos virus se originaran a partir de virus norteamericanos que recombinaron con sus primos euroasiáticos, dando como resultado las recombinaciones H5N8 y H5N2.

Pero... ¿cómo podría haber pasa­do esto si sabemos que las aves silvestres migran fundamentalmente de norte a sur y viceversa? ¿Cómo podrían virus euroasiáticos, portados por aves silvestres europeas y asiá­ticas, alcanzar América del Norte?

La ciencia, de nuevo, nos ha podido decir que las rutas migratorias de algunas especies de aves silvestres se fusionan con las rutas migratorias de aves silvestres asiáticas, y és­tas, por su parte, podrían entrar en contacto con especies de aves que migran de norte a sur y viceversa, a lo largo de los meridianos que cubren el continente americano. Es decir, los virus euroasiáticos saltaron de Asia a Europa, volvieron a Asia y, entonces, saltaron hasta América del Norte.

Hasta aquí, las nuevas recombina­ciones de VIAs se quedaron en el compartimento de las aves silvestres (en lo que respecta al continente americano). Entonces... para que esos virus alcanzaran la población de aves comerciales, debía cumplirse un requisito previo básico: los virus debían llegar hasta el interior de los galpones de aves comerciales.

Sabemos que esto puede pasar de innumerables formas y, quizás, la primera vía para introducirlos sea a través de las heces de aves silvestres, presentes tanto en el interior como en los alrededores de las granjas de aves comerciales. Es posible que aves silvestres pequeñas con acceso al interior de galpones de aves comer­ciales puedan también portar virus infecciosos, ya sea mecánicamente o cuando están incubando el virus. Todo el mundo estará de acuerdo en que uno de estos mecanismos, o uno similar, debió de ser el primer suceso que introdujo el virus.

El siguiente elemento importante sobre el que reflexionar es: ¿hubo unas “200” entradas naturales de aves silvestres en granjas de aves comerciales? No. La mayoría de las transmisiones secundarias se debie­ron a movimientos descuidados de personal, vehículos, equipos, aves y huevos, por mencionar algunos. En otras palabras, el brote lo iniciaron las aves silvestres y lo propagaron radicalmente las personas.

Es una lección amarga que debe­ríamos aprender todos aquellos que hemos vivido el brote y todos aquellos que todavía no han pasado por un brote como este. Deben seguirse, de principio a fin, procedimientos de bioseguridad reales, desde la oficina corporativa hasta el personal que cada día trabaja en las explotaciones de la industria avícola y en sectores rela­cionados.

 

Influenza aviar 2

¿Podría volver a pasar en el futuro?

Definitivamente podría volver a pasar no una, sino muchas veces. Nuestra industria ha crecido mucho en las últimas décadas y sigue creciendo para satisfacer la demanda en aumento por una fuente segura de proteína animal que sea asequible y de alta calidad.

Cuanto más grande sea la industria, más significativos serán los riesgos, y eso incluye los brotes de enfermedades como la influenza aviar. Cuanto mayor sea la concentración de aves en un área geográ­fica, mayor será la posible repercusión económica de la influenza aviar. Volverá a pasar. Las preguntas son: ¿hemos aprendido de nuestra última experiencia? ¿Estamos mejor preparados?

Influenza aviar 3

 

 

¿Qué tiene que pasar para que se vuelva a materializar la influenza aviar?

Para que ocurriera otro brote de influenza aviar de alta patogenicidad (del inglés, HPAI), ya sea H5N2 u otro, tiene que haber un virus en el am­biente, poca bioseguridad en marcha y no haber sistemas de diagnóstico oportunos y precisos; además, las autoridades no deberían contar con un plan de contingencia. ¿Es el caso? No. Cada uno de los estados de EUA cuenta con un plan detallado para enfrentarse a la influenza aviar, de baja y de alta patogenicidad. Además, las autoridades locales tienen un plan establecido y presupuesto para tal contingencia.

Cada compañía avícola (al menos en el sureste estadounidense) ha celebrado reuniones formativas con avicultores para que todo el mundo entienda cómo reconocer los prime­ros signos de la enfermedad, a quién notificarlos, cómo prevenir la propa­gación del virus y, si fuera necesario, cuáles serían los procedimientos para la cuarentena, eutanasia y el sacrificio sanitario de aves en caso de que se dé un brote.

Por parte del USDA, debe hacer prue­bas de IA a toda parvada comercial antes de que se sacrifique y las par­vadas con ciclos vitales largos, como las ponedoras y las reproductoras, tendrán que someterse a pruebas varias veces. Por lo tanto, la IA podría volver, pero esta vez se enfrentará a una industria que está muy bien preparada en comparación con la última ocasión.

El último brote de influenza aviar en los Estados Unidos (en 2015) tuvo como resultado muertes en masa y pérdidas de aves por la eutanasia necesaria; provocó pérdidas enor­mes por las exportaciones perdidas. También fue una pesadilla para que las reproductoras pesadas pudieran enviarse a muchos países que de­penden del stock reproductor que se produce en los Estados Unidos.

Sobra decir que la escasez de huevos de mesa, después de que se perdie­ran unos 30 millones de ponedoras, provocó un aumento radical en los precios de los huevos, directamente para el consumidor e, indirectamente a través del aumento del precio de los huevos industrializados.

Del mismo modo, escasearon los productos de pavo, y se encarecie­ron, además de que hubo dificultades para movilizar el stock reproductor entre países.

Definitivamente, la industria estadou­nidense no quiere que se repita un brote muy distribuido de IA.

La vacunación se ha valorado como herramienta para la prevención y la erradicación en caso de que se pro­duzca un nuevo brote y bien podría terminar usándose en el campo aun­que la bestia de carga del programa de prevención y control debería ser una combinación eficaz de biose­guridad, que se ponga en marcha adecuadamente y se refuerce, la preparación para reconocer inme­diatamente la enfermedad, pruebas regulares y eficaces de IA y el diseño y la implementación de un plan de contingencia detallado contra la in­fluenza aviar. SA

 

 

 

 


 

Fuente: Artículo del Dr. Guillermo Zavala, asesor, Est

 

El desastroso brote de influenza aviar altamente patógena en Estados Unidos en 2015 lo iniciaron las aves silvestres y lo propagaron radicalmente las personas.

Decenas de artículos recientes han hablado sobre los hechos y los des­cubrimientos alrededor del último brote de influenza aviar en los Estados Unidos (en 2015), además de ofrecer actualizaciones sobre el tema con frecuencia.

En lugar de volver a contabilizar los casos confirmados e ilustrarlos en mapas elegantes, producidos por sistemas de información geográfica, deberíamos preguntarnos: ¿qué paso

en realidad? ¿Podría volver a pasar en el futuro? Y, ¿qué tendría que pasar para que se materializará de nuevo?

Si podemos dar respuesta a estas preguntas, algo que admitimos como tarea difícil, quizás podamos responder de mejor manera si un suceso de esta naturaleza vuelve a ocurrir, y posiblemente podamos responde a la pregunta obligada: ¿qué podemos hacer para prevenir y controlar un suceso similar en el futuro? Estas no son las únicas preguntas clave que necesitan res­puestas, pero definitivamente son algunas de las más importantes.

¿Qué pasó en realidad?

En este momento, solo podemos especular sobre el mecanismo real (o los mecanismos) que tuvieron que darse para permitir la emergencia de los virus de influenza aviar H5N8 y H5N2 de alta patogenicidad (VIA) que provocaron el brote de influenza aviar más grande y significativo en la histo­ria de la industria avícola moderna de América del Norte.

Aunque no disponemos de la historia completa, las investigaciones del USDA/ARS han revelado que es muy probable que el componente H5 de los nuevos virus se originara en los VIAs euroasiáticos, y que los compo­nentes genéticos N8 y N5 de estos virus se originaran a partir de virus norteamericanos que recombinaron con sus primos euroasiáticos, dando como resultado las recombinaciones H5N8 y H5N2.

Pero... ¿cómo podría haber pasa­do esto si sabemos que las aves silvestres migran fundamentalmente de norte a sur y viceversa? ¿Cómo podrían virus euroasiáticos, portados por aves silvestres europeas y asiá­ticas, alcanzar América del Norte?

La ciencia, de nuevo, nos ha podido decir que las rutas migratorias de algunas especies de aves silvestres se fusionan con las rutas migratorias de aves silvestres asiáticas, y és­tas, por su parte, podrían entrar en contacto con especies de aves que migran de norte a sur y viceversa, a lo largo de los meridianos que cubren el continente americano. Es decir, los virus euroasiáticos saltaron de Asia a Europa, volvieron a Asia y, entonces, saltaron hasta América del Norte.

Hasta aquí, las nuevas recombina­ciones de VIAs se quedaron en el compartimento de las aves silvestres (en lo que respecta al continente americano). Entonces... para que esos virus alcanzaran la población de aves comerciales, debía cumplirse un requisito previo básico: los virus debían llegar hasta el interior de los galpones de aves comerciales.

Sabemos que esto puede pasar de innumerables formas y, quizás, la primera vía para introducirlos sea a través de las heces de aves silvestres, presentes tanto en el interior como en los alrededores de las granjas de aves comerciales. Es posible que aves silvestres pequeñas con acceso al interior de galpones de aves comer­ciales puedan también portar virus infecciosos, ya sea mecánicamente o cuando están incubando el virus. Todo el mundo estará de acuerdo en que uno de estos mecanismos, o uno similar, debió de ser el primer suceso que introdujo el virus.

El siguiente elemento importante sobre el que reflexionar es: ¿hubo unas “200” entradas naturales de aves silvestres en granjas de aves comerciales? No. La mayoría de las transmisiones secundarias se debie­ron a movimientos descuidados de personal, vehículos, equipos, aves y huevos, por mencionar algunos. En otras palabras, el brote lo iniciaron las aves silvestres y lo propagaron radicalmente las personas.

Es una lección amarga que debe­ríamos aprender todos aquellos que hemos vivido el brote y todos aquellos que todavía no han pasado por un brote como este. Deben seguirse, de principio a fin, procedimientos de bioseguridad reales, desde la oficina corporativa hasta el personal que cada día trabaja en las explotaciones de la industria avícola y en sectores rela­cionados.

¿Podría volver a pasar en el futuro?

Definitivamente podría volver a pasar no una, sino muchas veces. Nuestra industria ha crecido mucho en las últimas décadas y sigue creciendo para satisfacer la demanda en aumento por una fuente segura de proteína animal que sea asequible y de alta calidad.

Cuanto más grande sea la industria, más significativos serán los riesgos, y eso incluye los brotes de enfermedades como la influenza aviar. Cuanto mayor sea la concentración de aves en un área geográ­fica, mayor será la posible repercusión económica de la influenza aviar. Volverá a pasar. Las preguntas son: ¿hemos aprendido de nuestra última experiencia? ¿Estamos mejor preparados?

¿Qué tiene que pasar para que se vuelva a materializar la influenza aviar?

Para que ocurriera otro brote de influenza aviar de alta patogenicidad (del inglés, HPAI), ya sea H5N2 u otro, tiene que haber un virus en el am­biente, poca bioseguridad en marcha y no haber sistemas de diagnóstico oportunos y precisos; además, las autoridades no deberían contar con un plan de contingencia. ¿Es el caso? No. Cada uno de los estados de EUA cuenta con un plan detallado para enfrentarse a la influenza aviar, de baja y de alta patogenicidad. Además, las autoridades locales tienen un plan establecido y presupuestos para tal contingencia.

Cada compañía avícola (al menos en el sureste estadounidense) ha celebrado reuniones formativas con avicultores para que todo el mundo entienda cómo reconocer los prime­ros signos de la enfermedad, a quién notificarlos, cómo prevenir la propa­gación del virus y, si fuera necesario, cuáles serían los procedimientos para la cuarentena, eutanasia y el sacrificio sanitario de aves en caso de que se dé un brote.

Por parte del USDA, debe hacer prue­bas de IA a toda parvada comercial antes de que se sacrifique y las par­vadas con ciclos vitales largos, como las ponedoras y las reproductoras, tendrán que someterse a pruebas varias veces. Por lo tanto, la IA podría volver, pero esta vez se enfrentará a una industria que está muy bien preparada en comparación con la última ocasión.

El último brote de influenza aviar en los Estados Unidos (en 2015) tuvo como resultado muertes en masa y pérdidas de aves por la eutanasia necesaria; provocó pérdidas enor­mes por las exportaciones perdidas. También fue una pesadilla para que las reproductoras pesadas pudieran enviarse a muchos países que de­penden del stock reproductor que se produce en los Estados Unidos.

Sobra decir que la escasez de huevos de mesa, después de que se perdie­ran unos 30 millones de ponedoras, provocó un aumento radical en los precios de los huevos, directamente para el consumidor e, indirectamente a través del aumento del precio de los huevos industrializados.

Del mismo modo, escasearon los productos de pavo, y se encarecie­ron, además de que hubo dificultades para movilizar el stock reproductor entre países.

Definitivamente, la industria estadou­nidense no quiere que se repita un brote muy distribuido de IA.

La vacunación se ha valorado como herramienta para la prevención y la erradicación en caso de que se pro­duzca un nuevo brote y bien podría terminar usándose en el campo aun­que la bestia de carga del programa de prevención y control debería ser una combinación eficaz de biose­guridad, que se ponga en marcha adecuadamente y se refuerce, la preparación para reconocer inme­diatamente la enfermedad, pruebas regulares y eficaces de IA y el diseño y la implementación de un plan de contingencia detallado contra la in­fluenza aviar. SA

Artículo del Dr. Guillermo Zavala, asesor, Estados Unidos

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